Objetivo
Crear una aplicación que conectara a agricultores con consumidores, sin intermediarios, asegurando un pago justo al productor y un producto fresco al usuario final.
Esto no iba solo de tecnología. Era necesario transformar hábitos de consumo, generar confianza en la compra online de frescos, y resolver muchas barreras logísticas, emocionales y económicas.
Principales retos
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Generar confianza en un producto fresco que no se ve antes de comprar.
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Minimizar la fricción en la navegación y proceso de compra.
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Adaptarse a diferentes perfiles y niveles de digitalización.
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Ofrecer una solución a los altos costes de envío.
Confianza que no se ve
Las encuestas muestran que más del 80% nunca ha comprado producto fresco por internet.
En las entrevistas, los usuarios consultados quieren saber qué se van a encontrar para evitar engaños. Empresas como Freshis no muestran quién produce el alimento. La confianza en un mercado local viene de que el consumidor sabe quién cultivó lo que come. Por eso cada producto tiene detrás un agricultor con nombre, historia y trazabilidad.
El envío que mata a la venta
Los gastos de envío eran el motivo de abandono más citado.
“Me da miedo que cueste más el envío que la propia compra en sí”, decía una de las personas entrevistadas.
Freshis compite en velocidad y tiene una flota propia eléctrica, pero penaliza con un recargo de 7,90€ los pedidos por debajo de 40€.
En vez de competir en rapidez, la apuesta fue consolidar pedidos en 24-48h y ofrecer lockers refrigerados sin coste de envío. Resuelve el precio y, de paso, la ansiedad de no estar en casa para recibir el pedido.
El pedido pequeño no compensa
Ni al usuario ni al negocio. Los pedidos pequeños no cubren costes de reparto.
La inspiración vino de un sitio inesperado: Pinduoduo, el marketplace chino que creció uniendo compradores para conseguir mejores precios juntos.
La solución: campañas de compra grupal, donde ayuntamientos, asociaciones o grupos de vecinos organizan pedidos al por mayor directamente con el agricultor.
Reflexión
Al ser un proyecto académico, la validación se apoyó en investigación propia: 200 encuestas, entrevistas y un test de usabilidad. No son datos de producción real.
Volver a él con perspectiva confirma algo que entonces solo pensaba: la mayoría de las decisiones difíciles en este proyecto no eran de interfaz, eran de negocio. Confianza, envío, pedidos pequeños… todo se resolvía primero pensando en incentivos y en el usuario, y solo después en pantallas.